Existe una fatiga silenciosa que no siempre viene del exceso de trabajo
- Susana
- hace 5 días
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Hay cansancios que no se ven.
No aparecen necesariamente después de jornadas interminables ni de agendas imposibles.
A veces llegan incluso cuando, aparentemente, todo está funcionando.
Y, sin embargo, algo dentro empieza a sentirse cada vez más pesado.
Sucede especialmente en posiciones de responsabilidad.
Personas acostumbradas a sostener decisiones, gestionar presión, responder rápido y seguir avanzando mientras todo a su alrededor continúa moviéndose.
Con el tiempo, muchas de ellas dejan de tener espacios reales donde pensar con claridad.
No hay espacios para producir.
No hay espacios para reaccionar.
No hay espacios para resolver problemas inmediatos.
Espacios para escucharse.
Y ahí es donde aparece una fatiga distinta.
Más silenciosa.
Más difícil de explicar.
Más ligada al desgaste mental y emocional que produce vivir constantemente hacia fuera.
Porque hay momentos en los que el problema no es la capacidad.
Ni la experiencia.
Ni siquiera la carga de trabajo.
A veces, lo que más pesa es sostener demasiadas decisiones sin un espacio interno suficientemente claro.
Y curiosamente, en esos momentos, empujar más no suele ser la solución.
La claridad rara vez aparece desde la aceleración constante.
Muchas veces empieza cuando el ruido baja lo suficiente.
Cuando alguien puede detenerse unos minutos sin tener que demostrar nada.
Cuando existe una conversación donde no hace falta tener respuestas inmediatas.
Cuando se recupera la posibilidad de mirar las cosas desde otra perspectiva.
En entornos de alta exigencia, esto puede parecer un lujo.
Pero, en realidad, suele convertirse en una necesidad estratégica.
Porque decidir desde el agotamiento interno no tiene el mismo impacto que decidir desde la claridad.
—
Susana Cinta
Coach Ejecutiva



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