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Cómo tomar una decisión profesional cuando no tienes toda la información

hace 16 horas
5 min de lectura

Actualizado: hace 4 minutos


Directivo reflexionando sobre cómo tomar una decisión profesional
A veces, la claridad no llega antes de decidir, sino durante el proceso.

Hay decisiones profesionales que no se resuelven consiguiendo un dato más.


Cambiar de trabajo. Aceptar una nueva responsabilidad. Reorganizar un equipo. Tener una conversación difícil. Empezar un proyecto. Cerrar una etapa.


Ante decisiones importantes solemos pensar que, si conseguimos suficiente información, llegará un momento en el que sabremos con certeza qué hacer.


Pero ese momento no siempre llega.


En muchas decisiones profesionales relevantes existe una parte de incertidumbre que no podemos eliminar. Podemos analizar, preguntar, comparar escenarios y reducir riesgos, pero habrá un punto en el que tendremos que decidir sin saber exactamente qué ocurrirá después.


Cuando buscamos cómo tomar una decisión profesional en un contexto de incertidumbre, aparece una de las preguntas más difíciles:


¿Cómo puedo tomar una buena decisión si todavía no tengo todas las respuestas?


El problema no siempre es la falta de información

Cuando dudamos, tendemos a buscar más.


Un dato más.


Otra opinión.


Una nueva reunión.


Otra comparación.


Un escenario adicional.


A veces es necesario.


Pero otras veces la búsqueda de información deja de aportar claridad y empieza a convertirse en una manera de aplazar la decisión.


No porque no sepamos pensar, sino porque decidir implica aceptar algo incómodo: no podemos controlar completamente el resultado.


En ese momento resulta útil separar tres dimensiones.


1. Lo que sé

Son los hechos disponibles hoy.

Datos, condiciones, recursos, circunstancias, conversaciones y límites que conocemos.


Por ejemplo:


  • qué implica realmente una nueva posición;

  • qué condiciones económicas tiene;

  • qué recursos tendremos;

  • qué responsabilidades asumiremos;

  • qué consecuencias previsibles tiene cada alternativa.


Los hechos reducen incertidumbre.


Pero no la eliminan.



2. Lo que no sé

Aquí está la incertidumbre real.


¿Cómo responderá el mercado?

¿Funcionará ese nuevo equipo?

¿Me adaptaré bien al cambio?

¿Cambiará la estrategia de la compañía?

¿Será esta oportunidad tan interesante dentro de seis meses?


Podemos construir escenarios.


Pero no podemos conocer de antemano todas las respuestas.


Aceptar esta parte es importante porque evita confundir incertidumbre con falta de preparación.


Podemos estar muy preparados y seguir sin saber qué ocurrirá.



3. Lo que depende de mí

Esta tercera dimensión suele ser la más poderosa.

No puedo controlar el resultado completo de una decisión.

Pero sí puedo decidir:


  • qué criterios utilizaré;

  • qué riesgos estoy dispuesto a asumir;

  • qué límites quiero respetar;

  • qué conversaciones necesito tener;

  • qué información considero suficiente;

  • cómo actuaré después de decidir.


Ahí recuperamos capacidad de acción.


La pregunta deja de ser:


“¿Cómo puedo estar completamente seguro?”


y pasa a ser:


“¿Qué necesito saber para tomar una decisión suficientemente sólida?”


Esperar también es una decisión

Posponer puede ser una estrategia inteligente cuando sabemos qué información estamos esperando y por qué cambiaría nuestra decisión.


Pero esperar indefinidamente tiene también consecuencias.


Puede cerrar oportunidades.

Aumentar desgaste.

Mantener situaciones que ya sabemos que queremos cambiar.

Trasladar la decisión a otras personas o a las circunstancias.


Por eso, ante una decisión importante, puede resultar útil preguntarse:


¿Qué espero que ocurra antes de decidir?


Y después:


Si eso no ocurre, ¿cuánto tiempo estoy dispuesto a esperar?


Esta segunda pregunta convierte una espera indefinida en una decisión consciente.


Cómo tomar una decisión profesional con mayor claridad

Cuando una persona está ante una decisión profesional compleja, estas preguntas pueden ayudarle a ordenar el pensamiento.


¿Qué sé con certeza en este momento?


Separar hechos de interpretaciones evita construir una decisión sobre supuestos.


¿Qué estoy intentando saber que probablemente no puedo saber todavía?


Algunas respuestas solo aparecen después de actuar.


¿Qué criterio es realmente importante para mí en esta decisión?


No todos los factores tienen el mismo peso.


¿Qué opción elegiría si supiera que ninguna alternativa será perfecta?


Esta pregunta ayuda a abandonar la búsqueda de la decisión ideal.


¿Qué coste tiene para mí no decidir?


Porque mantener la situación actual también tiene consecuencias.


Una buena decisión no garantiza un buen resultado

Este punto es especialmente importante.


Tendemos a evaluar la calidad de una decisión mirando únicamente el resultado.


Si salió bien, pensamos que decidimos bien.


Si salió mal, pensamos que nos equivocamos.


Pero no siempre funciona así.


Podemos tomar una decisión sólida, basada en la información disponible, nuestros criterios y una evaluación razonable de riesgos, y aun así obtener un resultado inesperado.


Y también podemos tomar una decisión poco reflexionada y tener suerte.


Por eso es más útil evaluar:


¿Cómo tomé la decisión?


¿Utilicé información suficiente?


¿Identifiqué mis criterios?


¿Consideré riesgos?


¿Escuché otras perspectivas?


¿Decidí desde el miedo o desde el criterio?


Una buena decisión profesional no consiste en adivinar el futuro.


Consiste en decidir con criterio a partir de la información disponible.


¿Cuándo puede ayudar un proceso de coaching ejecutivo?

El coaching ejecutivo puede ser especialmente útil cuando una persona dispone de información suficiente pero continúa dando vueltas a la decisión.


No porque el coach tenga la respuesta.


Precisamente lo contrario.


Un proceso de coaching crea un espacio para ordenar pensamiento, cuestionar supuestos, ampliar perspectivas y recuperar criterio propio.


Puede resultar útil ante situaciones como:


  • cambios profesionales;

  • nuevas responsabilidades;

  • decisiones sobre carrera;

  • conversaciones difíciles;

  • conflictos de prioridades;

  • momentos de bloqueo;

  • decisiones estratégicas;

  • dudas sobre continuidad o cambio.


En estos procesos, el objetivo no es decirle a la persona qué debería hacer.


Es ayudarla a comprender qué está influyendo realmente en su decisión y desde dónde quiere decidir.


Claridad no significa certeza

Quizá esta sea la distinción más importante.


Tener claridad no significa saber qué va a ocurrir.


Significa comprender suficientemente:


qué sabes,

qué no sabes,

qué necesitas,

qué estás dispuesto a asumiry qué depende de ti.


Entonces la incertidumbre puede seguir existiendo.


Pero deja de gobernar la decisión.


Sobre Su Coach Ejecutivo

Su Coach Ejecutivo acompaña a directivos, managers y profesionales que atraviesan decisiones complejas, momentos de cambio o retos de liderazgo.


A través de procesos de coaching ejecutivo, crea un espacio de reflexión para ordenar pensamiento, ampliar perspectiva y tomar decisiones con mayor claridad y criterio.


Coaching ejecutivo en Barcelona y online.


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Preguntas frecuentes

¿Cómo tomar una decisión profesional difícil?

Empieza separando los hechos de las hipótesis, identifica qué información necesitas realmente y define los criterios que son importantes para ti.


Una decisión difícil no siempre necesita más información; a veces necesita más claridad.


¿Qué hacer cuando no tengo claro qué decisión profesional tomar?

Pregúntate qué parte de la incertidumbre puedes reducir y qué parte tendrás que aceptar.


También conviene valorar el coste de seguir esperando y qué factores dependen realmente de ti.


¿Puede ayudar el coaching ejecutivo a tomar decisiones?

Sí.


El coaching ejecutivo puede ayudar a ordenar pensamientos, identificar supuestos, ampliar perspectivas y clarificar criterios.


El coach no decide por la persona, sino que facilita un proceso de reflexión para que pueda tomar su propia decisión.

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